Como el humo, su vida,
la de Mercedes,
se fue diluyendo,
en años sin conciencia,
no dando porque antes,
cuando aún era ella,
cuando todavía nos conocía,
lo dio todo aunque
casi nada tenía.
Dejó de ser y su cuerpo
no era sino un puñado
de débiles huesos
que un fuerte corazón
mecánicamente movía.
No era y era aquella
sencilla mujer que llenaba
su mesa de viandas
para que nadie se fuera con hambre
de su humilde casa.
Se fue Mercedes
con el humo blanco a buscar
el cielo donde será. siendo
de nuevo, la que antes fue.
JOSÉ LUIS RUBIO
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