Abro, abro bien los ojos y veo
que la luna sobre la mar,
cerrada la noche,
pintó un luminoso sendero.
Caminar sobre piedras de agua
con pasos grandes y veloces,
el cuerpo aterido y húmeda la mirada.
Caminar hacia la luz
antes que la mar se trague,
en veloz y fugaz instante,
el luminoso sendero.
Entre el día y la noche,
en completa oscuridad, los ojos
perdieron, de golpe, en las sombras, la mar.
Del libro Burbujas de JOSÉ LUIS RUBIO
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