En el hospital. Otra vez. Los cardenales y las brechas cubren todo mi cuerpo. Han vuelto a traerme una asistente social para hablar conmigo. Mi hermana Claire me suplica que le deje. “Un día te matará” repite una y otra vez, mientras le lleno la cabeza con miles de excusas que no son tales. Empieza el discurso de que merezco algo mejor y que no debo culparme. Ella no lo entiende, sí es culpa mía cuando le provoco, pero no como ella se imagina. Me he dado cuenta de que ya no necesito la luna para sacar la bestia que lleva dentro. Sólo entonces disfruto del mejor de los polvos. Si tengo que pasar unos días hospitalizada a cambio de un sexo salvaje e inolvidable, pago el precio con sumo gusto. Es el único es capaz de calmar mi fiebre.
Al fin y al cabo, no todas las transformaciones ni las bestias son iguales.
María L. Castejón (España)
Publicado en la revista digital Minatura 117
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