lunes, 5 de noviembre de 2018

TÚ, POR TUS LADOS Y CALLES


Me dijeron que esperara a eso de las doce y diez, que llamarías,
y aquí estoy, café en mano, imaginando sólo tu interior,
aguardando una porción del mundo que eres tú, sólo una parte,
una parte que resume el porqué de mis versos;
imagino que tu voz tratará de ser normal, un saludo cortés,
escucharte, después de más de un mes, me hará volver, revisar,
revivir los paseos por las calles que solíamos emprender, allá,
en ese lugar que sólo nosotros conocemos, que nos grabó,
que congeló nuestros aromas para siempre;
dirás que todo es bello por allá, tú, todo lo mejoras,
no me extrañará oírtelo decir, me alegraré escucharlo, lo sabes,
me alegrará escuchar las otras novedades de tu breve, o larga,
no sé, estadía por allá, aún no sé sobre esos detalles, pero
aquí estoy, el café humea y sabe a ti, me remite fotos antiguas,
esas calles interminables que caminábamos sin rumbo, sin sed,
buscando otra nueva salida para emprenderla sin ver direcciones;
no te diré que te extraño, diré que estoy bien con mi café, diré
varias tonterías por el estilo, pero -sobre todo-, te escucharé,
esa es la porción de tu mundo que siempre está a mi lado, tú,
a través de tu voz que jamás confundo, que me gusta escuchar,
tal vez no sea tu voz lo que me gusta, sino lo que cuentas,
es el sonido que no entiendo en el sentido que te digo, son tus
cosas que, por más simples que sean, siempre llenan mis
sentidos y me hacen sentarme día tras día para oírte;
falta poco, el ruido de las motos, los pasos en la calle, un perro
que ladra, el sonido de un ventilador, no quiero pensar en ti,
ni imaginar lo que dirás, supongo, con una música de fondo,
como siempre, los recuerdos ligados a esa canción tan bella,
que unió tus pedazos y los míos, herida tú, herido yo;
nos curamos las heridas, sanamos juntos, fuimos dos en uno,
tú, por tus lados y calles, y yo, igual, pecamos muchas veces,
por razones que –ahora-, no vale la pena comentar, no vale,
creo que el amor no peca, pero a veces sí, y hemos sufrido,
este universo no cabe en el sol;
a las doce y media estaré aquí, esperando, siempre esperando,
guardando y dibujando cuadros de tus novedades, en silencio,
ya después, cuando pasen los días y vuelva la calma, en paz,
tendré tiempo para despertar.

Del libro UN AMOR EN EL TRÁFICO de Gustavo García Soto

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