Se arredran los dulces colibríes
al ver como se visten de dolor los alhelíes,
ante la inmensa nube de humo
que trajo el hombre loco con sus zumos.
Espantados por como las llamas devoran
el manto verde que las montañas decoran,
en la magia audaz de sus enaguas
tejidas en el seno cristalino de sus aguas.
El prado verde compungido nubla a la poesía
triste ve yerta la belleza de otrora sinfonía,
antes que el cambio climático incendiara
lo que la palabra divina nos creara.
Silvino Gerardo Becerra Gamboa -Venezuela-
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