Fugitivos de la noche
la luna nos encontró.
Y en deslumbrantes derroches
nuestras almas cautivó.
Sin preguntas. Sin reproches.
El universo todo tembló.
Y entre milagros y goces.
El amor más puro nació.
Hay música en las voces
que la vida despertó.
Y entre pétalos de flores
nuestro vuelo protegió.
Fugitivos de la noche
la luna nos encontró.
Y entre miradas sensibles
su brillo nos hechizó.
Con mágicos colores.
Alma y cuerpo nos pintó.
Los sueños nos hicieron cómplices.
Y junto a nosotros soñó.
Y en una noche fantástica.
Mientras al sol eclipsó.
De unos amantes furtivos.
La luna se enamoró.
Eduardo N. Romero -Argentina-
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