sábado, 7 de julio de 2018
CAMINANDO ANDO
Caminando ando, llegando
por viejos caminos empedrados a mi pueblo,
unos ratos subiendo y otros más bajando,
curvas a izquierda y a derecha,
repechos y senderos estrechos,
hay tantos árboles generosos,
que el que menos me obsequia
una colorida y fragante flor,
eucaliptos y pinos, muchos altos y frondosos,
perfuman el aire con sus olores y aromas,
dilatan mis bronquios, penetran hasta mis pulmones
unas veces me cantan otras veces me cuentan
con el murmullo y la conversa de brisas y hojas,
de renovados mensajes, de la bondad cielo
y de sus bendiciones, de lunas, estrellas y luceros,
impregnados sus cantares de frescos rocíos
de la temprana mañana,
de níveas espumas y de densas brumas,
me regalan el encanto,
la paz de sus sombras y umbras,
para sosiego, reposo, amparo y gozo
de mi alma y de mi cuerpo, de cansado peregrino.
Y en un recodo del camino descanso,
sentándome en un viejo tocón,
a la vera y a la espera de mi suerte y mi destino,
oigo los acelerados y alegres latidos de mi corazón,
me deleito comiendo una rosada y dulce pomarrosa,
que me ha largado una rama hasta mis manos,
ah, ora afloran los recuerdos, cuando de niño otrora,
al árbol trepaba y me comía hasta la última
que madura encontraba
y mi boca, a dos carrillos,
goloso y gozoso de ellas llenaba.
El respectivo choque de manos y abrazos
con mis paisanos y vecinos,
las sonrisas como gratas bienvenidas...
se va oscureciendo la tarde entre brumas y neblinas.
Angel Ignacio Chacón Aquino
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