Y se le volvió de agua la sesera
al bueno del hidalgo Don Quijano.
(Fue por tanto julepe, mano a mano,
con novela de treta pendenciera).
Sin ventura quedó su calavera,
y su encefalograma, más bien plano.
Junto al creído Sancho por el llano
de Castilla, partieron con ceguera.
Ahora dos siluetas se perfilan
sobre caballo y asno desnutridos,
en pos de conquistar las heredades.
Persiguiendo aventuras, pronto enfilan
los sueños, los anhelos incumplidos,
que rellenen pobreza o soledades.
Del libro “Memoria a barlovento” de
JULIA GALLO SANZ
Publicado en Estrellas poéticas 60
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