sábado, 23 de abril de 2016
OCTAEDRO DIVINO
En ese preciso punto,
Convergente,
Entre tus labios y mi boca.
Exactamente en el cruce
de tus ortogonales besos.
Para ser más exacto...
en la comisura de tu lengua de geométrica figura,
(extra fulgurante)
hay siempre,
una explosiva arquitectura,
de liquidas exaltaciones transparentes,
Que me obligan a mantenerme suspendido,
en las dimensiones vanas de mi locura.
En el reino de tus suspiros,
(circulares),
nace una rosa de aristas biseladas,
en azules colores y hermosos numerales,
que se transforman en besos,
y arcanos de fulguraciones bellas,
Para morir de amor.
¡Ay!
Amada mía…
Besarte es un placer de espejos diminutos,
matemático,
exacto y a la vez tan impreciso,
Que la geometría perfecta e insondable de tus labios,
y su milimétrica y suave paradoja,
parece,
Equidistante,
Y un destino inmaculado.
¡Ah!
Amada mía...
Tu lengua entrelazada en círculos concéntricos,
y medianas e hipotéticas succiones,
poligonales,
mórbidas.
Húmedas.
Cándidas.
Son los privilegios de la vida.
Son,
tus luminosas y misteriosas ecuaciones,
y sus logarítmicas caricias.
Besarte es como establecer el vínculo,
entre el amor y el cuadrado perfecto,
de la agonía del misterioso consuelo.
Es la yuxtaposición del verbo con el verso,
entre los sueños y las alas blancas de un anhelo.
Es,
estrangular (por amor), el paralepípedo deseo,
de los prismas sugerentes.
Como la sangre de aire de los números.
Como el alma de la rectilínea lontananza
Que se enciende,
en la horizontal ensoñación del tiempo,
que regresa para morir,
Al sol de la mañana que se pierde.
Del poemario POESÍA GEOMÉTRICA de Roberto Rochin Suarez -Canadá-.
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