Me miró y sonreí,
Qué sonrisa angelical,
Una atracción celestial
En mi alma yo sentí;
Desde entonces me perdí,
Se volvió único ideal,
Ese mi amor inmortal
Al cual todo le ofrecí;
Sin embargo el destino
De mi lado la arrancó,
Lo que fue un dulce camino
Agridulce se volvió;
Frágil rosa, agudo espino
Que en mi pecho se quedó…
Raul Gonzaga
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