martes, 22 de julio de 2014
EN EL OCÉANO QUE SE TRAGÓ LA ISLA
Formaron un círculo con faroles sumergidos en el agua. Desde puntos distanciados del perímetro, los
alquimistas hicieron un ritual. Pusieron las manos en la superficie hasta que se mojaron, los tonos de las luces cambiaron y la electricidad se hizo presente. Emergían rocas y otros materiales a gran velocidad. Apareció la Atlántida.
Su jefe esbozó una sonrisa, pero aún le preocupaba la primera ley de la alquimia sobre transmutación. Los elementos para el cambio no se modificaron. “Para recibir, primero tenemos que dar algo a cambio”, recordó. Una llamada le cambió el semblante. Recibió la noticia de que no tenían a dónde regresar.
Vicente Arturo Pichardo -República Dominicana-
Publicado en la revista digital Minatura 125
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