lunes, 21 de abril de 2014
LA ARAÑA
Inerte, sobre una hoja de papel entintada y estrujada dentro del cesto, yace el cadáver de un bicho sin vida, es la autora de mil hilos de platas, constructora de obras de arte para atrapar su alimento, su cuerpo dividido en tagmas que lucen descoloridos y el opistosoma un poco inflamado a lo mejor con restos de comida, luce tan solo siete patas tiradas hacia arriba formando un arco por todo el cuerpo, le falta una, a lo mejor la perdió en el combate con su presa.
¿Cuánto trabajo realizó esa pequeña criatura? ¿Cuántos hilos de ilusiones tejió?, puede ser mucho trabajo o hilos construidos, pero la satisfacción de haber cumplir el trabajo encomendado como especie en este mundo material está sustentado, yace muerta o descansando, esperando una oportunidad más.
Queridos amigos nuestro trabajo es dado por la especie en la cual pertenecemos. Como humano me pregunto ¿Cuál es nuestro trabajo? ¿Cuál es mi trabajo? destruir vidas, sembrar la discordia, hablar en mal de mí prójimo, destruir nuestros recursos naturales los cuales nos facilitan la vida, hacerle daño a otro de la misma especie, inventar armas para matar a otro, llenarnos de una riqueza material para ver desde el pedestal a otros seres humanos, gastar dinero de manera desordenada, poseer cosas materiales a montones, creerse dioses en flamantes coches, máquinas o aparatos que nos transportan hacia otros lugares, en vez de inventar máquinas para viajar a nuestro interior.
Amigo mío, tú que estás leyendo estas líneas quizá para ti sin sentido, esperando una poesía de amor, erótica, melancólica, dulce, etc. ¿Cuánto has hecho por tu hermano de la misma especie? sin importar credo, religión, raza, política, apellidos o más… Un día yaceremos inertes como ese animalito no podremos hacer más, solo lo que hicimos, ahora que la vida nos acompaña, invitemos a nuestro espíritu a la fiesta del dar más que recibir.
Es tiempo de cambiar de actitudes, pensamientos, acciones para poblar con seres humanos con mentes distintas, ayudando y haciendo de cada día un renacer en este bello planeta, que no sabemos cuánto más lo gozaremos.
Walberto Calderón -El Salvador-
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