Crujían sus dientes.
Las enfermeras parecían dormidas,
y ¡hacía tanto frío!
Reza, hijo, reza…
por este padre muerto.
Como la siembra
se llevó los sufrimientos.
Corre, corre lo más que puedas,
entra en el paraíso
de las yerbas frescas.
Mientras talas los árboles,
sentirás la serenidad de la madera.
Viviendo unos tras otros.
Muriendo unos tras otros.
Y así se labran los tiempos,
se curte la humanidad entera.
Reza, hijo, reza
al son de su bansi.
Piedad del Universo.
Triángulo de tres lados.
Ana Maria Lorenzo -Zaragoza-
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