miércoles, 22 de enero de 2014

PALMERA


El rumor de las dunas adormece;
sus caderas de arena, sinuosas,
pertenecen a inmóviles esposas
del simún, que por ellas languidece.

Su paso de aire las rejuvenece,
tiemblan, se desperezan cautelosas,
y en sábanas de luz voluptuosas
su sensual curvatura se estremece.

En el desierto no hay, se hace camino.
La silueta lejana de un beduino,
del paisaje, a camello, se apodera.

Rítmico avanza, fija la mirada
en el distante oasis, su acampada
a la sombra gentil de la palmera.
 
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-

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