lunes, 6 de enero de 2014

EL ARMA DE UN POETA


A los miembros del grupo El arma de un poeta

Junto a la fuente de un parque,
una mañana de invierno,
rodearon al poeta tipos malencarados
con intenciones nada bueno.

El poeta tembló de pies a cabeza
porque sabía que no tenía escapatoria.
Ellos iban armados de palos y navajas.
Él solo llevaba un viejo maletín
cargado de libros de poemas.

Retrocedió unos pasos. Abrió el maletín.
Sacó un libro de tapas desgastadas
y empezó a recitar, lentamente,
un poema de amor.

Cuando terminó sacó otros libros
del maletín y los ofreció
a los asaltantes
al tiempo que leía
otro poema de amor.

El poeta usó su arma,
un arma que no hiere,
que no mata,
que ataca solo las conciencias.

Un arma que usa signos
que se dicen, que se escriben,
que algunos temen,
que otros ignoran,
que muchos desprecian,
que pocos admiran.

Pero el poeta salta sobre opiniones
y no duda en usar su arma
cuando cree que con ella
mejorará el mundo.

Hoy ha regalado su arma
a quienes le acosaban.
Mañana lo hará a quienes
le escuchen en su recital
y a quienes compren sus libros.

JOSÉ LUIS RUBIO

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