Nada es parecido
al sabor a sal de tus lágrimas
en mi lengua,
cuando las beso
una a una.
Contemplarte,
como un paisaje otoñal
repleto de contrastes,
es la inyección de color
necesaria para cualquier ojo.
No hay tranquilidad comparable
a la de dormir, siempre,
entre tu abrazo más húmedo,
porque como mejor abrazas
es con las piernas.
El éxtasis líquido
que me recorre
cada vez que vuelvo
a enamorarme de ti,
no tiene parecidos razonables.
Y es que son muchas
las veces que me enamoras
a lo largo de un día.
Y es que hay pocas razones,
querida, por las que enamorarse,
pero a ti, no te falta ninguna.
MIGUEL VEGA MANRIQUE
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