Llega la tarde con su soledad a cuestas
y justo entonces miro dentro de mí
y veo una voz que señala las palabras del tiempo,
las miradas, los momentos
y un aire que no conoce más señales
que unas manos enlazadas
Abandono a mi conciencia allí
donde nada tiene que decirme,
donde el silencio da las gracias,
donde habita el dolor que todo lo entiende.
Y alzo mis ojos hacia ti porque
quizás aún me quieran seguir callando.
O aún me griten
Yo sólo quiero guardarte en silencio
para llevarte, en voz baja,
adonde nuestro rincón silencioso.
Del libro Olvidadizo de que lo hacía, quise quererte de
ENRIQUE ROJAS GUZMÁN -Chiclana-
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