Tengo todas las muertes ensayadas
y un apetito de morir ya tengo,
si a las errantes ánimas convengo
mis musas pastarán acompañadas.
Todas las vidas tengo apuñaladas
por un cierto rencor, no menos cierto,
que la vida feroz con que no acierto
a darle al corazón unas puntadas.
Y si la vida pone al descubierto
una razón mortal, una conjura,
tendré qué consentir a pecho abierto
porque seguro tengo sepultura
sellada con mis clavos de locura...
pero deben probar que ya estoy muerto.
Carlos Zamora Rodríguez, Puerto Padre, Cuba Del sonetario: Que traje de la costa y el oleaje.
Selección y prólogo de Renael González
Publicado por la revista Carta Lírica 40
No hay comentarios:
Publicar un comentario