Recuérdame, cuando mis huesos ya no se hallen dentro de mi piel.
Cuando mis ojos se cierren para siempre.
Cuando mis manos queden sobre mi pecho rígidas e inertes.
Recuérdame, cuando mis cenizas sean la única prueba que de mí quede.
Cuando mis alas se extiendan prontas a cruzar el umbral de un nuevo mundo en ciernes.
Recuérdame, cuando sólo la esencia de lo que fui se presienta en la brisa silente.
Cuando mis susurros sean nada más que el eco que cruza el espacio infinito…y se pierde…
Patricia O. (Patokata) –seud.- (Uruguay)
Publicado en la revista digital Minatura 119
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