Cuando recuerdes,
camino a ninguna parte,
no sabrás si una oficina
o un mendrugo del paraíso,
unas horas diferentes,
un folclor,
una iluminación o
la pavesa de los días,
será lo que hallarás
en el recodo de las vivencias.
Las hojas del calendario
zurcirán los cuerpos,
y las costuras de los instantes
restañaran las querellas
y pendencias.
Como vagamundos,
el suspiro de las gotas de lluvia
calarán tu savia
y olvidarás
el hormigueo de las reyertas
en la codicia de las horas.
Los verbos que no soñaste
se te clavarán como demonios en tus ojos
y querrás ser el espejo de tus años.
Añadas de arrugas como garfios
te sorprenderán como los horrores del retrato
de tu transitado caminar.
Un cartel en una esquina,
la espuma de un avión en la raya del cielo,
la chispa de un quinceañero de pupilas como leopardos,
las risas de una burla en un rincón,
unas campanadas a morte,
la biografía de un callejón destartalado,
serán la proclama de los días felices.
Y radiante,
soñarás que paseaste por la vida
como el fanal,
presencia
y la despótica caricia
de los sentidos.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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