Un día,
sentí la necesidad mundana de expresar
todo los poemas que mis sentimientos dictan,
desnudarme el interior para exponerme débil,
piel a la intemperie de la palabra y gritar,
que tan sólo soy un hombre al que los versos le brotan
en incandescentes deseos y ansia febril,
hoy,
sólo soy un frágil aliento en la árida ventisca
que suspira por llegar al final del sendero,
caminando sobre las brisas junto a ese mar
con el espíritu ingobernable, libre y altruista
donde el amor y la libertad son el rasero
en el que medirse las arrugas del costal,
aquel día,
sentí la necesidad mundana de expresar
en este poema, un llanto lleno de ausencias
que florecen en el arriate del balcón,
asomadas entre lagares del olivar
donde mis humildes versos fueron presencia,
y sus aromas invadieron mi corazón,
hoy soy,
tan sólo soy, la humilde tinta de la pluma,
con la que el poeta dibuja versos y estrofas,
composiciones liras de una noche pendiente
en las que el reloj insomne marca la suma
tiempos inertes de olvidados vinos de garrafa,
sobre una mesa vieja y un espejo sonriente,
habrá un día,
en el que pueda caminar sobre las aguas
de las transparentes sonrisas a la razón
de una sensación de vuelo raso y vivo,
y donde la llama forjada en las fraguas
de la eternidad soñada encienda con pasión
el pergamino con la historia que he perdido,
y seré,
una eterna respuesta a la pregunta vital,
seré, un reo condenado por ser ausencia
en la realidad de un imaginario al alba,
sol naciente eterno, sin principio ni final,
germen del amor y la verdad en abstinencia,
alejado del ruido del reloj y del alma.
Angel L. Alonso
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