Yo abrevé en la liturgia soberana
entre duelos, crespones, desafíos,
enfrenté los fracasos y desvíos
trizando en el cristal de mi ventana;
fue el acíbar que urdió cada mañana
con su azufre de nérvidos deslíos.
¡Así fueron rodando sueños míos
en el plato infeliz de mi romana!
Y a pesar de la túrbida otomana
que envolvió con su pátina bardana
cada sueño de jónicos bravíos,
desde el invierno azul de mi fontana
siembro mi verso grana en mi besana.
¡Pues que truenen sonoros mis estíos!
RODOLFO LEIRO
Publicado en la revista Nevando en la Guinea 35
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