Entró una zorra en el taller de un escultor y, tras revolver en todas y cada una de las cosas que allí se encontraban, se topó con una máscara de teatro, y levantándola dijo: “¡Oh, qué cabeza, lástima que no tenga seso!”
Que se ajusta a la persona hermosa de cuerpo pero falta de juicio.
ESOPO
Publicado en la revista Realidades y Ficciones 6
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