lunes, 28 de marzo de 2016

ÚLTIMAS VACACIONES


Una mujer de unos cincuenta años entra en la habitación desde una puerta lateral, se dirigirá al lateral contrario nada más llegar, se asoma a la ventana y luego de vez en cuando, irá metiendo cosas en maletas y bolsas, a veces sacará algo de una para guardarlo en otra.

MUJER:
Hala, sí, a limpiar el coche, que eso sí que sabe…, si lo hace muy bien. Mírale, y dale con el trapito, si hiciera lo mismo debajo de la tele… Pues no sería él, sería un mirlo blanco. (Vuelve hacia el interior.) Ya podría entrar y ayudarme con las maletas, que no me cabe nada de lo que me quiero llevar. Me dice que le eche ropa de abrigo y otra más ligerita por si acaso, pero es que luego se pasa los días con el mismo jersey, que yo creo que para no quitárselo ni se ducha, que cuando nos vamos al pueblo va hecho un adán. Ganas me dan de no echarle nada. No como yo, que cada vez que salgo de casa llevo algo distinto, ya se sabe cómo son las vecinas. Peor que las de aquí, porque estas se esperan a que dobles la esquina, pero aquellas es que te asaltan. Mira, si viniera él conmigo, ni se acercaban… ¿Dónde he puesto…? Aquí está (Mete una prenda que estaba en otro sitio de la habitación.), pues tengo que meterlo con lo de vestir, ahora me toca sacar todo. (Saca y mete prendas cambiándolas de bolsa.)
Esto es todo un arte, luego a discutir porque él ordena mejor el maletero, no lo dudo, que el coche es su reino, pero las maletas y la casa, ¡ése es otro cantar!… Si mi madre me avisó de cómo era, y mi madre no se equivoca, que siempre nos ha aconsejado muy bien. Pero yo me empeñé y mira, trabajando todo el día me tiene. Y ahora al pueblo, que se querrá ir de caza con los amigos, como si lo viera. Ya me tiene harta. (Se detiene y se acerca a un mueble, de él saca una botellita y la envuelve en un pañuelo con mucho cuidado.) Pues ya me he cansado, ahora toca lo que le tocó a mi madre y a su madre, y quién sabe si a la madre de su madre, acabar con el machito que se cree dueño de  todo y señor de mi vida. Y voy a empezar estos días, que hay que hacerlo despacito para que no se note. (Mete el frasco en la maleta, entre la ropa. Ahora sonríe. Se acerca a la ventana y grita.) ¡Manolo, termina, que tienes que guardar las bolsas en el coche!

Del libro Qué mal repartido está el mundo y otros textos de FÁTIMA MARTÍNEZ CORTIJO
Publicado en Los libros de las gaviotas

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