Bajo los pies del Catoute
una esplendente braña,
donde nace, cercano,
y corre, límpido, cristalino
el río Boeza, extasiado
por la sugestiva belleza,
de aquellos extensos prados
rodeado de montañas,
¿un glaciar milenario?
Allí, en tan inmensa llanura
ves, tan diminuta la ermita
perdida, entre esas pétreas moles
que parece pequeña, enana,
tan es así que al contemplarla
te da… no sé, cierta ternura.
Subes a contracorriente el río,
por una y otra ribera
oyendo esa coral de agua,
abrumado, embolicado, olvidas
que subir desde *Colinas…
bajo la umbría del Paleiro*
te costó un esfuerzo denodado.
Pero una vez arriba, postrado,
solo, en esa colosal vastedad
entre un silencio que amilana,
ante tanta majestuosidad
tu espíritu se ha crecido
y tú, te sientes recompensado.
Del libro El silencio del Valle de
Paco Lainez -Ponferrada-
*Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, pueblo del Bierzo, del que parte la subida a Campo de Santiago que así llaman a la hermosa campa, y al monte Catoute.
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