ADORACIÓN
Te adoraré, vida mía, aún más allá de esta vida.
Yo siempre te adoraré, porque adorarte es ni vida.
Te adoraré noche y día, noche y día te adoraré.
¡Oh adoradísima mía, mi invisible compañía,
mi constante compañía y mi amante y fiel compañía!
Yo a ti siempre, siempre, siempre y siempre te adoraré.
Nací yo para adorarte, adorarte, ¡oh sí!, es mi vida,
porque yo no viviría, porque yo nada sería
sin adorarte, mujer, mujer, mujer de mi vida,
diosa, mujer, y diosa de diosas de mi fantasía,
y diosa de esta irreal realidad, en estado de agonía,
donde no caben mis sueños y está enjaulada mi vida;
mi vida que, por la gracia de tu gracia embellecida,
es libre porque te adora, porque quien adora es libre,
como es esclavo de esclavos todo aquel que odia y envidia.
Yo te adoré desde mucho antes de que tú nacieras
y te adoraré aún más allá de esta vida pasajera,
pues mi adoración por ti, fue y es y ha de ser eterna.
PIEDRA
La rosa, rosa,
quería ser blanca o roja,
pero era rosa, rosa;
el oro no quería ser oro,
pero era oro,
el sol, cansado de ser sol,
no quería ser sol,
pero era sol,
el aire, cansado de ser aire,
no quería ser aire,
pero era aire,
el agua, cansada de ser agua,
no quería ser agua,
pero era agua,
la piedra,
¡quién lo hubiera creído!,
sólo quería ser piedra
y únicamente piedra
y era felizmente,
muy felizmente, piedra.
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