Como un sueño revelador, vienen a mi mente recuerdos imaginarios, como relatos de mi historia personal... indescifrables a veces... desenterrados del arcón de mi memoria. Intentaba esbozar una interpretación... pero no me satisfacía... y así llegó la madrugada... y vencido por la fatiga... me dormí.
Soñé que era un muchacho pegando el estirón a mis 14 años, lleno de sueños, de incertidumbre en la nada fácil adolescencia. Tanto idealismo en tiempos de gobiernos de facto... en convulsiones sociales y políticas marcaron mi juventud. Me convertí en un lector insaciable y en un observador atento de la realidad y del mundo de los adultos. Y un día el mundo de la sensualidad tocó a mi puerta. En esa etapa, todos queremos convertirnos en hombres hechos y derechos como por arte de magia...
Sentirse fuerte y desafiante para dejarse llevar por los caminos del primer amor, de la primera ilusión, de la primera fantasía... Dejar el niño encorvado para transformarse en el hombre erguido... La musa inspiradora de nuestros desvelos... la que con secreto regocijo y angustia nos deja la primera cicatriz... La más pura sin dudas. Así empecé a tomar notas en un cuaderno, así nació mi primer diario...
La edad enseña a asistir silenciosos a los cambios que se producen en los seres que queremos. Así conocí a Amanda. Con esa sonrisa que intentaba plasmar en versos en una hoja de papel. Intentaba disimular ante su presencia algo que no se puede ocultar... pero que un día le confesaría con un escrito dedicado a ella... Todo fue muy romántico, bello y puro como una puesta de sol. Tomándola de la mano me acerqué, y la besé dulcemente con una mezcla de temblor y emoción. Mis besos recorrieron sus manos, su frente y terminaron en sus labios tan deseados. ¿Alguien puede olvidar un momento tan sublime y mágico como el del primer beso?
Recuerdo la primera cita. Hacía frío y los vidrios del metro estaban empañados de nuestros alientos. Temblábamos de frío y de emoción en el trayecto al vaivén de los vagones. La fui espiando desde la ventana como se acercaba... La vi subir y acomodarse en el asiento contiguo... Se veía tan bonita de perfil... La charla fue amena y divertida... creo que me sentía como flotando en la nubes... sonreíamos sin motivos... el momento era "nuestro".
Empezó a llover... ella no llevaba paraguas y yo sí... así que caminamos juntos casi abrazados... como pegados en cuerpo y alma hasta el lugar en que residía. Su madre nos recibió en la entrada de la casa... y así quedé mirándola hasta desaparecer detrás de la puerta.
El tiempo nos fue depositando en la intimidad, en el calor de la complicidad. Y de aquellos besos tibios de la primera cita pasamos a otros más embriagantes. Confieso que mi boca quisiera abrirse y poder abrazarla, ella apoyará su cabeza en mis rodillas y yo jugaré con mis dedos en su sedoso cabello. Nuestros encuentros olían a perfume, a tierra mojada, a seca hojarasca, a calle, a lluvia, a azahares y jazmines, a ¡vida!
Tocaré un ángulo de su hombro y temblará... buscando calmarse, acurrucándose en mi pecho... y así me sentía plenamente convencido que su amor era mío... era nuestro.
Con el tiempo ambos nos convertimos en mujer y hombre... en la plenitud del sexo. La iniciación sexual fue una experiencia mutua. Y llegamos a esa instancia luego de cimentar una fuerte conexión de sentimiento e intelecto. Así recuerdo cuando nos entregábamos mansamente al blando cobijo de las sábanas de nuestro lecho. Como olvidar sus manos... que apretaba antes de sumergirnos en los dominios de Morfeo. Verla dormir tranquila y feliz después de una noche de pasión era un privilegio. Y al despertar, con ternura la besaba y le decía lo mucho que la quería... pero me contenía de decirle cuanto la necesitaba en mi vida...
Tal vez, esta historia pudo haber continuado... quizás todo pudo ser diferente si en esos días yo no hubiera tenido tantos temores... La inexperiencia, las dudas, los celos llevaron al final de la relación.
Hoy, te rescaté de los secretos pliegues de mi memoria Amanda. Y aquí me encuentro, escribiendo, revisando lo que compartimos, repasando mis recuerdos de ti... mis errores, haciéndome trampas, para regresar a aquel día... en que subimos a un mismo tren, aquel día en que te elegí, en medio de la muchedumbre y la lluvia, así, con la pureza y candor de nuestro primer amor... para extrañarnos el resto de nuestra vida...
Jorge Daniel Pérez -Argentina-
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